La esquina de mi garaje. Parte I: Antes
28 de Septiembre de 2015
"Yo tenía un garaje limpio y ordenado. Lo prometo. Pero con el tiempo…" Esta es una de las frases que iban por norma dentro de mi guión a la hora de hacer una visita guiada por mi casa. Había juntado en un pequeño hueco de mi hogar todo aquello que parecía tener un uso práctico inmediato, pero que, por un motivo u otro, tuvo que esperar su momento demasiado tiempo.
Estaba la mesa de noche antigua, la cajonera de un viejo armario de la casa de campo de mis padres, una estantería baja usada, otras estanterías hechas con sobrantes de madera para poner sobre la anterior y una balda aprovechada del IKEA que finalmente no instalé en mi casa.
Era mi esquina del garaje. Un lugar convertido en la representación material de un viejo álbum de fotos: nostálgico e inútil, pero obligado. Como suele ocurrir cuando tienes demasiado de algo, esto suele atraer a más. En mi caso trastos: maderas, juegos de los niños, botes de pintura empezados, brochas secas “aprovechables”, abonos químicos para el césped, “paipos” de playa, raquetas varias, patines en línea, todo tipo de utensilios para la mountain bike, cajas de tornillos, brocas, etc. Temía crear vida por casualidad.
Como suele ocurrir en estos casos, llega un momento en el que no hay más remedio que limpiar, clasificar y TIRAR todo lo que has guardado. Ni siquiera tú puedes encontrar el camino que lleva al interior del laberinto. Tu esquina del garaje ha alcanzado masa crítica y los insectos, el polvo y la humedad comienzan a reclamar lo que un día fue tuyo...

